Un estruendo alcanza un nivel alto de decibelios e interrumpe el
bullicio que impera en el ambiente. Es el silbato de un tren que está a
punto de comenzar su viaje. Pronto, la multitud se amontona para
presenciar la apertura de la primera estación ferroviaria de la
Comunidad de Madrid. El año 1880 marcó un antes y un después en la vida
de los madrileños, y es que, a partir de entonces, pudieron hacer uso de
un nuevo
medio de transporte.
Los reyes Alfonso XII y María Cristina inauguraron la monumental
Estación de Delicias,
que además de ofrecer servicios de mercancía, viajeros y tracción, se
constituyó como el fielato de consumos. Fue debajo de su techo donde se
cobraron las tasas municipales sobre el tráfico de mercancías. Una
práctica que también servía para supervisar los alimentos y bebidas que
se introducían en la capital española.
La estación de Delicias es la sede del Museo del Ferrocarril | Fuente: Patricia Merello Guzmán
Conocida como la estación sanitaria, este enclave considerado un
ejemplo representativo de la arquitectura industrial alberga desde 1984
el
Museo del Ferrocarril de Madrid.
El espacio cuenta con una amplia colección de material histórico
expuesto al público con el objetivo de dar a conocer la evolución del
ferrocarril en España y comunicar la realidad ferroviaria desde sus
orígenes.
Sonidos de locomotoras, pasos de viajeros y el tic tac de relojes
envuelven a los visitantes en el ambiente de una antigua estación. En la
nave central, diversos trenes alardean la historia de la
tracción y dejan ver las condiciones en las que viajaban sus pasajeros. El recorrido se inicia con las primeras
locomotoras de vapor, la mayoría fabricadas en Gran Bretaña, que circularon hasta 1975.
La máquina 141-F-2416 de rodaje tipo mikado presenta su interior al
descubierto de forma que se puede observar y comprender su
funcionamiento. Junto a ella se hallan las fabricaciones inglesas
Tardienta, de rodaje tipo patentee, construida por la compañía John
Jones & Son; y la 120-0201, de rodaje tipo porter, perteneciente a
la casa
Sharp & Stewart.
La mano de obra francesa también aportó máquinas de vapor como El Cinca, en la línea de Madrid a Irún, adquirida por la
Compañía de los Caminos de Hierro del Norte
de España. Asimismo, con la celebración de la Exposición Iberoamericana
de Sevilla en 1929, España experimentó un proceso de modernización que
trajo consigo diez modelos recién salidos de los talleres bilbaínos de
Babcock & Wilcox.
Locomotora de vapor británica construida por Sharp & Stewart en 1877 | Fuente: Patricia Merello Guzmán
Después de contemplar la vetusta colección, se alza el conjunto de
locomotoras eléctricas
que surgieron en el último cuarto del siglo XIX y duraron hasta la
década de los sesenta. La 6005 fue encargada a la industria
estadounidense, por aquel entonces, puntera en la electrificación
ferroviaria. A su vez, la exposición acoge el que fue el modelo más
potente del país durante los años cuarenta y cincuenta, la serie 7507.
Las enormes ruedas visibles de los primeros ferrocarriles quedan atrás con la llegada de los
motores diésel,
que dan lugar a modelos más sofisticados desde los años 30. Aunque la
industria norteamericana fabricó locomotoras más potentes, el desarrollo
en España se manifestó con el automotor diésel 9162, con 46 plazas y
construido por la empresa zaragozana
Material Móvil y Construcciones.
El museo facilita escaleras para que los más curiosos puedan
adentrarse en el interior de las máquinas. Además, permite subir al
conocido
Talgo II, inaugurado en los cincuenta con un
diseño novedoso ligado al concepto de comfort. Es posible distinguir su
estilo americano acomodandose en sus sillones, merodeando por sus
rincones y mirando a través de sus ventanillas al exterior.
El Talgo II circulaba con motores diésel desde Madrid a Irún | Fuente: Patricia Merello Guzmán
Otro de los atractivos de la muestra son los denominados
coches-salón
que presentan lujosos interiores en los que los viajeros más pudientes
disfrutaban de una estancia agradable. Es el caso del empresario
vizcaíno
José Martínez Rivas,
que adquirió el modelo británico JMR para su uso particular a comienzos
del siglo XX. Por su parte, los Talleres Generales de Madrid
manufacturaron el coche-salón ZZ-307 con una
decoración
muy cuidada que se puede observar al asomarse a las ventanas.
Dormitorios con camas, comedores e incluso el aseo se encuentran
recreados en su interior.
Lujoso comedor localizado en el interior del coche-salón ZZ307 | Fuente: Patricia Merello Guzmán
La siguiente parada se sitúa dentro del coche belga de tercera clase
BB4-3358, convertido en la sala de exposiciones temporales del museo. En
la actualidad recoge la muestra de pinturas al óleo creadas por el
pintor maño Fernando de Marta, titulada
Paisajes del Tren.
Son cuadros que se caracterizan por la ausencia de personajes y la
relevancia que toma el paisaje ferroviario en ellos. A continuación, se
distingue el coche-restaurante R12-12954, un modelo británico de gran
lujo donde los interesados pueden optar por el
servicio de
restauración a bordo.
En
su interior se encuentra la sala de exposiciones temporales con la
muestra Paisajes del Tren de Fernando de Marta | Fuente: Patricia
Merello Guzmán
La estación de Delicias también cuenta con otros espacios asociados al mundo del ferrocarril. En la
sala de Andaluces,
el público accede a un surtido de placas de construcción y un total de
seiscientas piezas de modelismo distribuidas en vitrinas. Todas ellas
pertenecientes al coleccionista Carlos Pascual Quirós. Por otra parte,
la
sala de relojes cuenta con artilugios de firmas
prestigiosas que se colocaban en las estaciones para que ningún pasajero
perdiera su tren. Y, por último, la
sala de modelismo expone maquetas animadas que dan a conocer elementos de la infraestructura ferroviaria.
Más que una exposición permanente
El museo del ferrocarril organiza numerosas actividades
complementarias a la visita para todo tipo de público. Entre ellas
destaca la posibilidad de viajar a Aranjuez en el
Tren de la Fresa,
la primera locomotora que vio la Comunidad de Madrid. Un viaje que
ofrece una excursión cultural y de ocio por esta ciudad situada a
orillas del Tajo que fue declarada Paisaje Cultural Patrimonio de la
Humanidad por la UNESCO en 2001.
El primer sábado de cada mes se celebra la
feria de coleccionismo
La Estación. La próxima tendrá lugar el 6 de noviembre de 10 de la mañana a 7 de la tarde. Asimismo, predominan los
mercadillos
plagados de piezas y juguetes asociados al ferrocarril. El de modelismo
tiene su cita el primer domingo de cada mes en horario de mañana, de
10:00 a 15:00 horas, mientras que se puede acudir al de motores el
segundo sábado y domingo del mes, de 11:00 a 21:00 horas.
Este espacio museístico también cuenta con una
biblioteca especializada y un
archivo histórico con el fin de impulsar la
investigación
sobre el ferrocarril. En estas salas se pueden consultar libros de
contabilidad y de presupuestos, actas de antiguas compañías, documentos
sobre tarifas, emisión de títulos, carteles o folletos de la época. Al
mismo tiempo, presenta una fototeca con tarjetas postales de distintos
periodos.
Para los niños, se ofertan talleres con juegos, material didáctico e
incluso representaciones teatrales. Además de un viaje por el circuito
del tren situado en el jardín. Es la
Fundación de los Ferrocarriles Españoles
la encargada de mantener esta estación cultural que se puede visitar de
lunes a viernes de 9:30 a 15:00; y los sábados, domingos y festivos de
10:00 a 19:00 horas.